• Jacinto Herrero Esteban


    Y si yo muero –¡moriré mañana!-

    ¿qué voy a hacer de ti, Ávila viva?

    ¿Cómo voy a dejarte a la deriva

    de una prisa que engendra gloria vana?



    ¿Sin ti, que haré, dormido en la lejana

    ladera de los muertos?. ¿A quién iba

    a encargar de tu cuido?. Vuelve arriba

    frente al sol que te dora. Ten la gana



    de vivir que yo tengo. Nunca mueras.

    Hazte hueco en el alma de algún hombre

    que su angustia serene en tu ventura.



    Cuando extinga este mundo sus hogueras,

    en las estrellas grabará tu nombre

    y tu absoluta paz la noche oscura!


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    TORDOS

    Y llegaba el verano, la diáspora

    de amigos. Soledad. Puesto que sólo

    los pobres anidamos en Castilla.

    Cálida, quieta, polvorienta, ancha,

    pero tan viva en su clamor. Ardida

    presencia de los nombres que añoramos.

    Libros y tiempo sin reloj y cartas

    que yo no he contestado. Soy culpable.

    Sobre bandos de chovas y estorninos

    el cielo limpio y rojo me trastorna.

    No sabré descifrar los negros vuelos

    de estos córvidos ternes mesetarios;

    ¿buscan a quién?, ¿de qué nos amenazan?

    Oyes tremar sus alas contra el viento

    y yo pienso en vosotros, mis amigos.

    ¿Puede quizá inquietarse el corazón?

    Sedienta tierra. Ni una nube. Gritan

    los tordos locos. Bajan al rastrojo.

    Y bien sé yo la sed que va en mi voz.

  • Vicente Martín Martín


    Yo no soy sino un niño de ojos grandes

    que deshila leyendas junto al fuego,

    yo no soy sino un nómada sin pueblo,

    una voz sin lenguaje, forastero

    en todos los paisajes,

    soy un niño

    de manos imposibles,

    de rutas inviables,

    un niño de retina tan sumamente grande

    que no encuentro acomodo en las ciudades.

    Me rechinan

    las distancias urbanas,

    los espacios sin árboles, las calles

    donde ladran los perros al cartero.

    Yo sólo soy un niño de ojos grandes

    que llena de palmeras los desiertos

    y siembra naranjales en los mares.

    ( `Si de estrenar el mundo se tratara´, 2004).



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    Ha llovido y mañana será el mar,

    pero buscadme lejos

    no hacia el sur,

    no en el canto del ave disfrazado de lágrimas,

    sino allí,

    donde el cielo es un templo de paraguas

    y pamelas los árboles.

    donde acaban los sueños y la luz no lo entiende,

    buscadme en los olivos,

    en la sal,

    en lo bello.

    He muerto convertido en un burgués, coronado

    de manzanas azules y de flores de Holanda,

    culpable de vivir y con dos ángeles

    cosidos a mis manos,

    nada os hará pensar que esta mañana es

    la madrugada última del mundo.

    El sol viene

    desde excelsos palacios derramando

    transparencias de mimbre

    y es el mismo dolor el que acontece,

    es la misma traición la que pretende convertir en verbenas

    el alma de los pájaros.

    Puede que alguna vez nos encontremos y no sea preciso

    perder toda esperanza,

    puede que este lugar en que os espero

    sea un puerto y no acepte

    más náufragos.

    (`Lo que de mí puedo contaros´. Poesía 2002-2012, 2013).