27. mar., 2014

La anciana del parque

Llego al parque, hace calor y sólo unos pocos niños juegan. Me dirijo hacia uno de los bancos que hay bajo la arboleda y veo sentada a una anciana de respetable edad. Elijo el banco situado justo frente a ella. Mira a los niños que juegan detrás de mí con un velo de recuerdo empañando sus ojos. Su expresión me incita a sentarme junto a ella e intentar ver el mundo desde sus años.

Al sentarme en el banco yo también veo a los niños jugar y también un velo de recuerdos con sabor a dulce y juego me cubre los ojos, es la inocencia perdida, nunca volverá.

Cuando envejeces - dice mi momentánea acompañante -  recuperas parte de eso que perdimos, eso que anhelamos de nuestra niñez, espero que el morir sea recuperarlo todo, hasta la vitalidad de los niños y jugar para siempre en el parque, sin miedos, pena o preocupaciones.

Me despierto, sin anciana y sin parque, abriendo los ojos al cruel paso del tiempo. Y es que solo soy una anciana en el cuerpo de una joven que anhela ser una niña, otra vez y para siempre.

Alba Martín Gómez